Diario de Sparkle. Día 2: Lo que queda cuando apagas todas las apps


De vez en cuando me verás respirar aire humano. No un día. Quizá meses.

Porque sí: Internet es maravilloso. Es como una ciudad infinita donde, si buscas lo suficiente, encuentras trabajo, oportunidades, gente interesante, tutoriales para absolutamente todo (incluyendo cosas que nadie debería necesitar aprender, como “cómo doblar una sábana bajera sin perder la dignidad”).

Y a la vez… Internet también es ese amigo intenso que te dice “ven solo un ratito” y tú, tres horas después, estás leyendo un hilo larguísimo sobre la vida secreta de los pulpos, con la misma cara que pondrías si te despertaras en medio de una fiesta sin recordar cómo llegaste.

La cosa genial es esta: el mundo del empleo se ha disparado.
Hoy puedes ganar dinero desde casa, desde el móvil, desde un rato muerto en la cocina, desde una pausa que ni siquiera era pausa. Puedes sumar comisiones, probar plataformas, hacer microtareas, aprender algo, reiniciar, volver a intentarlo. Para quien necesita flexibilidad (hola, vida real), eso es casi milagroso.

La cosa mala… es el otro extremo. Ese en el que no estás usando Internet: Internet te está usando a ti.
Ese en el que la pantalla no es una herramienta, es un imán. Y tú no eres tú: eres un dedo deslizando, un cerebro saltando de estímulo en estímulo, una persona que iba a “mirar una cosa rápida” y termina con la sensación de haber estado “ocupada” sin haber estado realmente presente.

Y aquí viene la parte incómoda (pero con cariño): en ese punto se diluye algo que no aparece en ninguna app de ganancias y, sin embargo, es parte de la verdadera riqueza; la intimidad contigo.

Ese silencio donde piensas sin que nadie te meta una opinión en la cabeza. Ese rato en el que no estás comparando, ni persiguiendo, ni absorbiendo, ni reaccionando. Solo… existiendo. Porque hay un tipo de tiempo que no es productivo. Es nutritivo. Y si nunca lo tienes, aunque ganes dinero, te falta algo fundamental.

Por eso hoy quería escribir esto, aunque este blog vaya a estar dirigido a recomendarte apps y plataformas para ganar dinero (entre otras cosas): también quiero recomendarte que valores tu tiempo. Pero no en plan frase de taza de Mr. Wonderful, no. En plan serio. Porque realmente siento que es un tema que hay que concientizar para no perdernos en lo externo y que en el proceso nos perdamos a nosotros mismos. 

Valora tu tiempo como si fuera dinero. Porque lo es.

El dinero se recupera. A veces cuesta, sí. A veces tarda, pero vuelve. El tiempo no vuelve. 

Y si lo gastas siempre con la cabeza llena de ruido, lo que pierdes no es solo tiempo: pierdes claridad. Pierdes calma. Pierdes ese “yo” tuyo que sabe qué quiere… cuando por fin le dejas hablar.

¿Significa esto que vamos a demonizar las apps? No, claro que no.Yo misma las uso. Este blog existe porque hay herramientas que funcionan. Y porque, si estás en un momento en el que necesitas sumar ingresos, (otra vez: hola, vida real) es injusto que te hagan sentir culpable por buscar soluciones. Pero también quiero que este sea un sitio con un pacto honesto: aquí no vamos a venderte la idea de que “más pantalla” es automáticamente “más vida”. 

Aquí vamos a hablar de dinero, sí. De métodos, sí. De plataformas, sí. Pero también de límites. De elegir. De no convertir la supervivencia en una jaula brillante.

Así que hoy, por si nadie te lo ha dicho últimamente: apaga las apps un rato. No como castigo. Como regalo.

Y mira qué queda.

A lo mejor queda cansancio.
A lo mejor queda ansiedad.
A lo mejor queda una lista mental interminable de “tengo que…”.
Pero también puede quedar algo precioso: un pensamiento propio. Una idea. Un deseo real. Una calma pequeñita.

Ese es el Sparkle que te dejo hoy tras una larga ausencia de regalo para mí. 

Y sí: quizá mañana vuelva a desaparecer unos meses, porque la vida no es una serie con temporadas predecibles. Pero si vuelvo, será por esto: porque a veces lo más revolucionario no es hacer más.

Es volver a ti.

Comentarios

  1. Todo muy cierto y concuerdo plenamente con tus palabras. Internet debe ser un instrumento y no una vida que nos aísle de la realidad. Es sano saber diferenciar y saber parar cuando ya estás inmerso en este otro mundo de comunicaciones y excesiva información. Por último, claro que tiene sus cosas buenas, como leerte y conocerte. No te pierdas mucho Hadita.

    Besos dulces para ti.

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